La Ciudad de México debe seguir cultivando sus relaciones con Latinoamérica y profundizar

vínculos con otras regiones

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Villoro

Dialogos para una CDMX Global

 

 

 

Además  de su nombre  y  de sus intereses,  la primera  pregunta  es ¿Por qué y  para qué internacionalizar a la Ciudad de México? y ¿Usted que entendería por la internacionalización de la Ciudad de México?

 

Hola, soy Juan Villoro, Escritor y Periodista mexicano desde hace unos 20 años.

 

Creo que todas las ciudades  tienen  una vocación  cosmopolita,  por lo que es difícil en un mundo interconectado como el  nuestro pensar en la ciudad que se mantenga aislada. La idea defensiva de una ciudad que se protege de los extraños, que deja afuera lo que ocurre extramuros pertenece a un medioevo, que evidentemente ya no tiene ninguna vigencia. Todas las ciudades son centros de acogida de migraciones, muchas veces pueden venir del interior del país o de otros lugares, y la Ciudad de México ha tenido una vocación de hospedaje marcada que ha permitido que numerosos extranjeros vivan en ella. Creo que el tono que tiene la Ciudad de México se debe en buena medida a las personas que han venido aquí.

 

Viví durante tres años en Berlín oriental y al llegar ahí me sorprendió la cantidad de alemanes de la República Democrática Alemana que habían vivido en México o tenían recuerdos de personas que lo habían hecho durante la guerra. México fue el principal centro de acogida para los antifascistas alemanes. Prácticamente todas aquellas personas que fundaron la RDA salieron de México, entre ellos la gran escritora Ana Seghers, estuvieron acá en México, y que decir del legado de la Republica Española en nuestro País que ha sido sumamente importante al haber contribuido a redefinir la cultura, la educación, la ciencia y tantos otros campos. La comunidad judía y árabe son grupos que han estado muy activos en México, en la economía, cultura y ciencia. Estamos ante una Ciudad abierta, que debe mantenerse como tal.

 

Pertenezco al patronato Casa Refugio para escritores perseguidos que está ubicado en la Colonia Condesa. Un proyecto que encabezó particularmente el Ing. Cárdenas siguiendo la tradición de su padre el General Lázaro Cárdenas que les dio refugio a muchos escritores, como Trotsky y a republicanos españoles. En la Casa Refugio hemos recibido a escritores amenazados por lo que piensan. En el acto inaugural estuvo el escritor  Salman  Rushdie,  uno de los autores  de referencia  para ver lo que puede  ser la inteligencia amenazada por la intolerancia en nuestros días. Una de las cosas más interesantes de la Casa Refugio es que la mayoría de los escritores que ahí han llegado se han quedado entre nosotros. Esta por ejemplo el caso de un escritor que nació en Chad, vivió en Togo y hoy en día dirige la casa África, que es otro ejemplo de acogida desde la Ciudad de México; tenemos el caso de un filósofo y escritor como Cusli Lanco que llega, recibe hospedaje en México y se convierte en un intercesor para tejer redes con África en nuestra Ciudad.

 

He vivido fuera de México varias temporadas, y siempre me ha sorprendido que una de las cosas que extraño de México cuando estoy afuera es cómo somos nosotros y cómo somos en la interacción que tenemos con el extranjero. La Ciudad les debe en parte su estilo y tono a los jugadores argentinos y uruguayos que se han retirado aquí y han abierto parrilla de carnes que forman parte de la gastronomía local; que han decidido no regresar a sus países y quedarse entre nosotros. Desde el hecho cotidiano de compartir los guisos que pueden traer la gente de otra comunidad, hasta aspectos más delicados como el tema de los refugiados, pasando por el libre intercambio cultural, la CDMX le debe mucho a esta relación que ha tenido con los otros.

 

Estudié sociología en la UAM Iztapalapa donde un 80% eran profesores extranjeros que habían encontrado asilo en México; era un auténtico dream team de gente de ciencias sociales que venían de Brasil, Argentina, Chile, Perú, Uruguay y que formó a quienes estudiamos en los años 70. Yo no sería la persona que soy si no hubiera tenido este intercambio con los extranjeros, y si nosotros hemos sido un lugar de asilo, que mejor que situar a la CDMX en el escenario internacional.

 

¿Cómo aprovechar esto en una estrategia real de política internacional de la Ciudad, que refleje ese aspecto  de la Ciudad que hospeda, que es amigable, que incorpora?

 

Creo que todas las ciudades tienen distintas maneras de renovarse. Por ejemplo, la gente viaja y algo que puede perjudicar la idea de buscar sitios ya sea para hacer turismo o para hacer un viaje de trabajo, es que los lugares se vuelven repetibles, ya conociste una playa, sus restaurantes y crepúsculos maravillosos, y para el próximo viaje piensan en otro lugar; es decir el destino de viaje cuando no se renueva pierde interés. Una de las características de la Ciudad de México es que se renueva siempre, es como las arenas del desierto, no está quieta; como dice el gran poeta Eduardo Lizalde, una Ciudad que como el tigre del zoológico, anda suelta. Realmente nosotros no podemos fijar una ciudad y decir así es y así va durar para siempre.

 

Una de las características positivas que la Ciudad de México tiene es que cuenta con un sello propio, único, que viene desde su legado prehispánico, la herencia colonial, el México moderno, todas estas mezclas tan sui generis, pero que al mismo tiempo es un espacio de actividades permanentes, y estas actividades pasan por los extranjeros. Creo que asociar un sitio con festivales y con actividades, con cosas para hacer que se renuevan y se cambian, mantienen una ciudad vigente, es el secreto de tantas urbes que no se acaban nunca. Uno de los lemas de Nueva York es “una ciudad que nunca duerme”, o sea que tiene sorpresas, que siempre está proponiendo; así creo que la Ciudad de México sin perder este carácter único, puede abrir una oferta de actividades culturales, festivales, congresos científicos, reuniones académicas, convirtiéndose en un centro de referencia de discusión internacional. Aquí es muy importante la participación de todos; si los arquitectos saben que van a venir los principales  protagonistas  de la arquitectura  mundial, entonces se convierte  en un lugar donde  se habla de arquitectura  y eso pasa con cualquier  otra expresión  del conocimiento y del arte.

 

Pienso que renovar la Ciudad a través de actividades educativas, culturales, científicas y académicas le da un tono muy importante a un espacio como el nuestro.

 

¿Cuáles serían las principales debilidades que usted vería para estarse renovando continuamente la udad?

 

La Ciudad de México es una de las más incomodas del mundo. Vivir en la Ciudad es un trabajo de medio tiempo por lo que lleva desplazarte de un lugar a otro y no hay estacionamientos. El Auditorio Nacional es uno de los mejores  lugares  del mundo,  con el peor estacionamiento  del mundo.  La Ciudad  de México  es frecuentemente una versión del caos, porque todos los días estamos viviendo en una Ciudad mal gestionada, con malas disposiciones respecto al tráfico. Se acaba de tomar una terrible decisión en la gestión de esta Ciudad con el doble hoy no circula, que perjudica a la gente de clase media y beneficia a los ricos; tendencia cada vez más fuerte de estos gobiernos de izquierda. Es una Ciudad incómoda con déficit de transporte público, como ejemplo tenemos el terrible caso de la línea 12. Pésimas decisiones respecto al tema vial como la de Andrés Manuel López Obrador que no construyó un centímetro de metro y creó un absurdo segundo piso que favoreció a los transportes particulares. Así que nuevamente, en estas circunstancias la Ciudad es una droga dura, la gente que viene tiene sobrevivirla y resistirla.

 

En la medida que la Ciudad fuera más amigable, se ordenara mejor y tuviera situaciones de mejor acogida, ésta sería un importante centro de atracción. Pongo como tema concreto de cómo se ha expandido la Ciudad hacia la cultura en un sentido hacia el sur, digamos así extremo, más allá del periférico; espacios como la Universidad Pedagógica, el Fondo de Cultura Económica, el Colegio de México que están en un área de la zona sur, lo que convierte a una parte de la zona sur en un imán atractivo. El gran problema es que el que se hospeda ahí tiene muy pocas oportunidades de hacerlo y queda atrapado en una especie de gueto urbano.

 

Lo mismo sucede a la gente relacionada con la empresa, con corporativos, con la tecnología, diseño de software, discusiones de publicidad que va al área de Santa Fe. Es así como tenemos dos puntos, dos polos de la Ciudad; uno muy dinámico en el norte en Santa Fe, uno en el sur el que tiene que ver con la cultura más allá del periférico y si el visitante se instala en cualquiera de los dos queda aislado del resto, lo que es muy incómodo.

 

Por otra parte las vías de acceso a las diferentes zonas son incómodas. No hay un tren ligero que conecte esas dos regiones. Un exprés que permitiera que la gente viviera en la Ciudad y pudiera ir a Santa Fe a dar conferencias. Existen también lugares académicos importantes en Santa Fe como la IBERO o el CIDE, por lo que la ciudad presenta muchos atractivos, a la vez que problemas de circulación; no es fácil pasarla bien en una ciudad tan desgastante como la nuestra.

 

¿Conoce experiencias en las que México pudiera aprender de otras ciudades?

 

La Ciudad de México avanzó tanto en sus propios males que tendrá que encontrar sus propias soluciones. Yo no creo que se pueda traspasar aquí ningún modelo. Existe por supuesto el caso de Barcelona que ha contado con un diseño urbano perfectamente planeado, que es abarcable; aunque estamos hablando de 2 millones de habitantes. En la Ciudad de México estudios serios señalan que habitamos  16 millones de personas. Otros estudios igualmente serios hablan de 18 millones y de 20 millones; es decir que no tenemos ni siquiera una cifra realmente válida del número de habitantes de la Ciudad. El margen de error va de dos millones a 4 millones, que es el tamaño de una enorme ciudad europea. Cuando alguien habla acerca de cómo se gestiona Berlín, no nos sirve a nosotros porque eso no es más que nuestro margen de error en la mancha urbana que conformamos. Tendremos que formular nuestras propias soluciones.

 

Creo que uno de los grandes temas es fomentar el transporte público y castigar cada vez más el transporte privado. Se ha presentado una discusión en torno a los parquímetros. Las ciudades bien gestionadas cuentan en todas las zonas de alta densidad poblacional con parquímetros. A nosotros nos parece admirable que

 

Paris, Londres y Nueva York los tengan, pero en México no podemos disciplinarnos para un uso racional del espacio público a través de los automóviles. Hay muchas cosas que tendremos que cambiar para hacer de la Ciudad de México, una Ciudad más habitable; pero tendremos que hacerlo con nuestros usos y costumbres.

 

En ese sentido y pensando que muchas veces hay coyunturas que transforman y que se convierten en oportunidades. ¿Cree que la CDMX se encuentre en una coyuntura que permita realizar estos cambios estructurales de la Ciudad?

 

Lo más valioso que tiene la Ciudad son sus habitantes, y eso es extraordinario. Lo hemos comprobado con la solidaridad vivida tras el terremoto del 85; lo han comprobado todos los artistas que han venido a tocar en el Zócalo y se han dado cuenta del público que tienen y es el máximo aporte que nosotros tenemos. Existe una gran creatividad urbana, lo vemos en las huellas que la gente deja en la Ciudad, los adornos que van desde el grafiti, hasta decorar las antenas, los cables, los semáforos etc. Hay una apropiación afectuosa del espacio público a través de la gente. Es increíble como personas que a pesar de gastar dos horas en trayectos tienen una capacidad de colaborar y formar parte de la Ciudad; acá creo que está la respuesta.

 

En las últimas gestiones los gobernantes han quedado a deber, es decir no ha habido iniciativas oficiales que estén a la altura de la energía de la gente y se podría hacer muchísimo más en participación ciudadana. También debe distinguirse claramente lo público de lo oficial teniendo en cuenta que la Ciudad de México es un espacio público y debe ser gestionado de manera ciudadana; no es un espacio oficial y desgraciadamente muchas  de las gestiones  se hacen  más con un carácter  oficial  que público,  es decir,  la participación ciudadana no es directa, y la gente se encuentra en calidad de espectadora y no participante.

 

En este sentido actores como usted que se convierten en líderes, ¿Cómo podrían contribuir?

 

Creo que todos los actores que participamos en las actividades culturales y educativas de México tenemos que luchar para dar a entender a los ciudadanos que la satisfacción artística y cultural no es algo ajeno a ellos, sino que es una necesidad de todos los días. Para la gran mayoría de la gente, Bellas Artes es una estación de metro, no es una necesidad de todos los días, ellos no piensan en ver una ópera en Bellas Artes, no piensan en entrar a un taller de pintura o lectura, y es eso justamente lo que debe servir para contribuir en crear público para la cultura, participar cada vez más en espacios que permitan que la gente entienda que la cultura es una necesidad de todos los días.

 

No podemos pensar en alguien que lleve una vida digna sino es un sujeto integral. La gran mayoría de las personas  en la Ciudad  son sujetos  parciales,  o sea están  luchando  por sobrevivir,  están  luchando  por conseguir un trabajo, están luchando por desplazarse, y no tienen todas las gratificaciones de un buen trabajo y tampoco de poder vivir en una ciudad que les permita disfrutar del arte, gozar de la representación del mundo. Los seres humanos vivimos en dos dimensiones a la vez, en el mundo de los hechos y el mundo de la imaginación que compensan los hechos que nos permite imaginar un futuro o añorar un pasado, lo que hace que complementar la experiencia del mundo a través del arte y la representación sea muy importante.

 

Lo mismo pasa por la comunicación; necesitamos más canales ciudadanos, una información verdaderamente ciudadana, con ombudsman que puedan verificar la información. Se aprobó una ley de telecomunicaciones que en buena  medida  es retardataria  y esto  se puede  de alguna  manera  revertir  si hay más espacios ciudadanos  e independientes  que puedan  darle voz a personas  más plurales  y que se opongan  al pensamiento único y a la tiranía del rating. Esta clase de información es importante; la información no es solo televisión, necesitamos conectividad al 100%. Alguien que no tiene conectividad es no un sujeto integral, tan fuerte como eso. Es tan injusto que una persona no tenga un salario para vivir y que no le permita conectarse, porque todo mundo debería tener ésta posibilidad. Lograr, como lo ha logrado Uruguay de conectar a todo mundo, es para todo el País una utopía, pero para la Ciudad de México debe ser una meta realizable, a final de cuentas la experiencia de la Ciudad ha sido una experiencia de futuro para el País entero.

 

¿Qué imagen de la Ciudad como una ciudad global, pero con esta visión de inclusión y de equidad rescataría?

 

Creo que la Ciudad de México tiene muchos puntos que reflejan la energía que aquí cristaliza. Un espacio absolutamente simbólico es el Templo Mayor que no solo tiene que ver con lo que hubo antes, sino con la continua destrucción de la Ciudad. Así mismo, es una Ciudad muy creativa pero que ha sido destruida, teniendo en cuenta que se tuvo que tomar una decisión estrategia muy importante, que fue la de reconstruir el Templo Dual de los Aztecas para crear una especie de arqueología de cemento parecida a la que se hizo en Teotihuacán, o bien dejar el remanente histórico de lo que realmente ocurrió: el encuentro brutal de dos culturas  que nos conforman.  Lo que queda  del Templo  Mayor  con la presencia  vecina  de los edificios coloniales  y  la perspectiva  que podemos  tener desde el Museo del Templo  Mayor, de la Torre Latinoamericana, el primer edificio vertical de la Ciudad de México; lo que nos brinda es una cabal mezcla de lo que es esta Ciudad: encontronazos brutales que han dado lugar a lo que somos los mexicanos. Es una Ciudad que tiene que asumir esto, una Ciudad que se ha lastimado continuamente y que al mismo tiempo ha sobrevivido, y es a partir de esto como podemos entender lo que somos ahora y dejar una huella en esta Ciudad que al no poder preservar lo que tuvimos, debe ir reconociendo lo que se ha ido acabando.

 

¿Cómo puede la internacionalización o una estrategia de acción internacional, entendiéndola como política pública, contribuir a resolver la seria de problemas que tiene la Ciudad? ¿A fortalecer eso que nos decía al inicio, experiencias como Ciudad que ha sido amigable, que ha dado la bienvenida?

 

Hemos tenido una relación paradójica con el extranjero, hemos sido un gran lugar de acogida y de asilo para gente perseguida por sus ideas o que ha venido aquí por un futuro mejor, y en esa medida yo creo que nos hemos sentido muy bien rodeado de ellos, y el resultado ha sido tan importante por medio de experiencias como la Casa Refugio para escritores perseguidos, el Museo de la Tolerancia y todos los centros educativos donde se han involucrado los extranjeros. Pero al mismo tiempo hemos sido bastantes defensivos para aceptar una actividad continua con profesionistas del extranjero. Llama la atención que no hay edificios construidos por grandes arquitectos extranjeros en una de las ciudades donde más se ha construido en todo el mundo y que además tiene una proclividad hacia la arquitectura. Desde que Adamo Boari construyó el Museo del Palacio de Bellas Artes prácticamente no hay muestras de arquitectura extranjera en México. Esto convierte a la Ciudad en una Ciudad muy conservadora y atrasada respecto a otras ciudades del mundo; es impensable que no haya construcciones de arquitectos extranjeros en otras ciudades que se consideren realmente cosmopolitas justamente al intercambiar experiencias del manejo del espacio. Cuando se hizo la convocatoria para construcción de la Biblioteca Vasconcelos participaron varios de los mejores arquitectos del mundo y ganó un gran arquitecto mexicano, Alberto Kalach; una vez más se comprueba la idea de que solo los arquitectos mexicanos construyen aquí.

 

Creo que estamos orgullosos del número de gente que ha venido a vivir entre nosotros, pero también hemos pensado que los extranjeros que no se quedan a vivir no pueden interactuar aquí. Debería ser una Ciudad mucho más abierta a recibir ideas e intercambios de personas que han trabajo en otros lugares, por ejemplo, tenemos mucho que aprender de Colombia en la recuperación del tejido social a través de la cultura que trabaja en otros lugares; el ejemplo de Medellín es decisivo para entender como en barrios duros, difíciles de manejar, se puede ir recuperando la noción de comunidad a través de la cultura. Existen ejemplos formidables de cómo han llevado a sus ciudades proyectos culturales como la Biblioteca España a barrios desfavorecidos donde vivían los sicarios, donde se ubica la novela de Fernando Vallejo, la Virgen de los Sicarios. De esta experiencia podemos aprender y sería interesante que ellos participaran haciendo estas cosas en nuestra Ciudad. Así mismo, han avanzado en el tema de la autoconstrucción para resolver el problema de lo que nosotros llamamos ciudades perdidas, o las favelas en Brasil o las villas miserias en Buenos Aires; son cosas que debemos seguir implementando y abrirnos más frente a éste tipo de experiencias.

 

¿Con qué regiones o ciudades cree que la Ciudad de México tendría que vincularse?

 

La Ciudad de México tendría que tener una vocación lógica latinoamericana. Hay mucha presencia de lo latinoamericano aquí, en la música, la gastronomía, los usos y costumbres, en el sentimentalismo que es la telenovela, por lo que evidentemente América Latina es un objetivo.

 

No se ha hecho lo suficiente en cuanto volver la mirada hacia los paisanos que se han ido a otro lado. Es lamentable que no tengamos un contacto fluido por ejemplo con Los Ángeles que es la segunda ciudad con mexicanos en el mundo y que han tratado de conservar allá sus usos, costumbres y lenguaje; ellos han intentado de ver más hacia Aztlán, de lo que Aztlán los ve a ellos. Lo mismo podríamos decir de Queens en Nueva York y de Chicago donde hay una comunidad mexicana muy politizada y activa y que podría ayudar a la internacionalización de la Ciudad. Debería haber un centro cultural de la CDMX en Los Ángeles - no puede ser que la segunda ciudad con mexicanos no tenga acceso a bibliotecas, ediciones, libros, obras de teatro o danza y todas las actividades  culturales que pueden formar parte de su vida diaria -, para luego tener intercambio con otros lugares.

 

Tenemos por ejemplo la presencia de oriente muy cerca de la Ciudad. Toda la economía chatarra donde tenemos una presencia china activa y preocupante, desplazando el trabajo mexicano y a las artesanías mexicanas, no necesariamente con productos de alta calidad y fabricados en condiciones muchas veces infrahumanas en China. También hay una presencia cultural marcada de Japón; lo vemos por ejemplo en la gastronomía, con el anime, el manga, lugares como frikiPlaza, un sitio de 4 pisos enfrente de la Torre Latinoamericana, en uno de los sectores más populares de México y donde los chavos viven en una especie de Japón de la mente, porque tienen acceso a información, productos y representación cultural; también de Corea del Sur. Tokio es la segunda capital de la lucha libre mexicana, la capital del mariachi de oriente y otras extravagancias que vinculan a Tokio con nosotros.

 

¿El Gobierno del DF como podría aprovechar esto?

 

Cada vez más en la dinámica de la Ciudad es importante incorporar la participación, energía y creatividad de distintas  comunidades  que interactúan  con nuestro  País;  algunos  ya viven  aquí,  otras  son expresiones culturales que pueden venir invitadas exprofeso. Hace falta participación cultural de Japón y de Corea del Sur en actividades  oficiales,  por ejemplo  en las ferias  del libro podría  expandirse  el manga.  Hay algunas conferencias  importantes  como  “la mole”  que es una importante  feria  de comic,  pero  las iniciativas  del Gobierno Nacional van muy a la saga de las iniciativas de la gente, y la vanguardia de esta Ciudad debería ser la gente, su retaguardia debería ser el Gobierno, lo cual por supuesto no lo ha entendido el Gobierno de la Ciudad.  Lo entendió  cuando  se convirtió  en la Ciudad  que podía ser por primera  vez gobernada emocráticamente por un partido de izquierda, se abrió una esperanza muy grande y luego la gestión ha quedado a deber.

 

Muchas gracias.