Intervención del Comisionado Porfirio Muñoz Ledo en el Foro “Reforma política y ciudadanía” organizado por la Comisión Promotora de la Reforma Política Democrática en la Ciudad de México en la explanada de la delegación Iztacalco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estamos en una fase de la construcción de la Constitución de la Ciudad de México que exige un gran contacto con la población.

Me da gusto la atención, el seguimiento y el interés con que estos grupos organizados que forman la red de redes están siguiendo el evento. Pero me gustaría, sería deseable que hubiera muchísimos encuentros como este en todas las delegaciones de la Ciudad.

La conciencia que la gente “de a pié”, como se suele decir, tiene de este fenómeno de la Constitución es todavía muy escaso. Pocos supieron qué va a pasar el 5 de julio.

Yo quisiera que la próxima vez que esté con ustedes todas las manos se levanten y que cuando se apruebe la Constitución nos ayuden, si es necesario con la movilización social, para que esta sea aprobada por un referéndum popular.

Quiero decirles que en verdad sin ninguna concesión indebida. Lo que hemos alcanzado en la Ciudad de México se lo debemos a la gente. Esta Ciudad, hasta el año de 1985, dependía exclusivamente, su autoridad única era el Presidente de la República, y 60 años antes se habían anulado lo que quedaba de democrático de la ciudad, que eran los municipios. Esto ocurrió en 1928.

Quiero que tengan conciencia de que fue la movilización de la gente lo que nos dio los avances que tenemos. Y se los voy a explicar.

En 1985 se mencionó aquí, sin olvidar otros movimientos, fundamentalmente el de 1968, simplemente el Gobierno Federal decayó, porque no supo reaccionar quién era el Jefe de la Ciudad. El nombre poco importa, era un empleado del Presidente de la República, de Miguel de La Madrid y en Los Pinos se quedaron anonadados, por no decirlo de otra manera más coloquial.

No supieron qué hacer. Que si el plan A era meter al Ejército o no, y luego cómo lo sacamos. Que si el plan B era insuficiente. ¿Entonces quién se encargó de hacer el rescate de las víctimas, quién se apoderó de la ciudad?

Es la primera vez en la historia contemporánea de México en que la gente de la calle se adueñó de la ciudad. No había ocurrido esto desde la entrada, en 1911, de Francisco I. Madero a la Presidencia de la República, pero un año y medio después vino la Decena Trágica y callaron a balazos a la población. Aquí no ha ocurrido y espero que nunca vaya a ocurrir.

Miren ustedes, cuando el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, su servidor y doña Ifigenia Martínez planteamos un desafío al gobierno, con una candidatura, ahora las llaman independientes no sé de qué; ojalá y sean independientes del poder, pero no del pueblo, con una candidatura, encontramos una ciudad en plena efervescencia.

El movimiento urbano popular tenía ya tres años de estar trabajando, los universitarios estaban en huelga. Vino un nuevo movimiento campesino de los alrededores de la ciudad. Surgía una muy importante lucha feminista.

Y esto lo subrayo, aquí ya acaban de subrayar las conquistas que han tenido las mujeres, a eso obedece. Había movimientos a favor de la diversidad sexual y había una gran ola de organizaciones en favor de los derechos humanos.

¿Qué encontramos nosotros en la ciudad que no había existido antes? Una red inmensa de organizaciones. Nosotros no ganamos como tales las elecciones del 1988, las ganaron ustedes. Frente a la gran sorpresa del gobierno no teníamos ya no digo spots por televisión, teníamos unos cuantos cochecitos y nuestras giras eran organizadas por estudiantes.

Ifigenia Martínez y yo ganamos esta ciudad, con el 50 por ciento de los votos. Los primeros senadores de oposición en la Ciudad de México, pero no fuimos nosotros, fueron ustedes, y el Ingeniero Cárdenas, que anduvo dando vueltas por todo el país; la campaña aquí en la ciudad la llevamos fundamentalmente nosotros, ganó más de la mitad de los sufragios de la ciudad y se los reconoció.

No le reconocieron su triunfo nacional, pero sí quedó registrado que ganó más de la mitad de los votos. Este es el hecho que comienza a cambiar la historia de la ciudad.

El gobierno no podía pretender seguir dominando la ciudad, cuando era minoría. Aquí, debo decirlo, no quiero extenderme, pero sí quiero aprovechar para decirles algunas cosas que se llevan en la memoria, nunca había dejado el gobierno que ganara la oposición.

Hubo movimientos, fundamentalmente en 1940 y en 1952 la campaña de la Inquisición. Generalmente, esta ciudad votó por la oposición, pero no reconocieron nada y los aplastaron.

A nosotros nos reconocieron como senadores, porque no les quedaba de otra, pero a Cuauhtémoc no le reconocieron su triunfo a nivel nacional.

Desde entonces empezamos a presionar al gobierno. Vino después el levantamiento de los zapatistas en 1994, y el sistema entró en crisis.

Nosotros planteamos una negociación que implicaba el cambio del sistema electoral, como organismo autónomo que se llamaba el IFE y el cambio de la Ciudad de México para ser una ciudad que se autogobernara.

No nos lo reconocieron entonces, pero vino la gran crisis económica en 1995 y el gobierno de Zedillo estaba ahogándose. Le volvimos a exigir y hubo muchas movilizaciones populares.

No olviden que el 21 de marzo de 1993, un grupo muy destacado de ciudadanos, organizó un plebiscito en las calles de la ciudad para alcanzar su independencia. No fue demasiada asistencia, fueron sin embargo 395 mil votos en la calle.

El gobierno se vio forzado a negociar. ¿Qué negociamos en 1996? A mí me tocó llevar esa negociación como dirigente del partido opositor de izquierda, que era el que lo estaba pidiendo, la mayoría electoral éramos nosotros, no eran los del PAN ni lo han sido nunca, y los del PRI casi ya no existían.

El gobierno no podía negarnos que nosotros eligiéramos a nuestros gobernantes. Cómo iban a pretender ser un régimen democrático, si ellos seguían dominando una ciudad en la que habían reconocido que eran minoría.

Fue ahí donde logramos la elección del Jefe de Gobierno, que en 1997 fue la primera elección, en el 2000 la elección de los jefes delegacionales. Otras cosas.

Pero una cosa fue la negociación con el gobierno y otras cosas fue lo que hicieron en el Congreso Nacional, donde el PRI todavía tenía mayoría, y nos pusieron muchas limitaciones, como es la dominación física a través del control de la seguridad, de la procuraduría y, sobre todo, no nos concedieron hacer nuestra propia constitución.

Sí logramos que la llamada Asamblea Representativa y de Representantes, se convirtiera en la Asamblea Legislativa, pero no nos permitieron darnos nosotros nuestra propia organización. Ellos habían expedido en 1994 un Estatuto de Gobierno dictado todavía por el Congreso de la Unión con el pretexto de que es la capital de todos los mexicanos, y todos tenían que votar, el de Baja California, el de Chiapas, el de Chihuahua, qué es lo que debía pasar en la Ciudad de México.

Me voy al momento actual. Logramos por fin, después de muchos empeños, en 2001, cuando era Jefe de Gobierno López Obrador se hizo el primer proyecto para que tuviéramos un Estatuto Constitucional. Se aprobó en la Asamblea por unanimidad, en la Cámara de Diputados, pero el PRI la vetó en el Senado.

En la época de Marcelo Ebrard, en 2010, se presentó un segundo proyecto que lo volvieron a taponear. Y en este tiempo, el doctor Mancera presentó un nuevo proyecto y nos encomendó promoverlo.

Logramos, por fin, que la Constitución Federal reconozca que somos una entidad que ejerce soberanía, artículo 42. “La soberanía se ejerce a través de los Poderes de la Unión, de los poderes de los estados y de los poderes de la Nación”

Ahora nos falta lo más importante. Ciertamente, ellos se quedaron, el Congreso de la Unión, en que no somos mayoría. Ese siempre ha sido el problema. Somos mayoría en la ciudad, pero no somos mayoría en el país.

Ellos siempre se han quedado hasta ahora con un pedazo del pastel, que son los designados. Pero es la última vez, es la última vez. Ya no tiene marcha para atrás. Una vez que haya Constitución, ya somos dueños y señores de nuestro destino.

Ahora, es muy importante saber que la Constitución es sólo el primer paso, tendrán que reformarse las leyes. Esta Constitución tendrá todos los derechos que han sido adquiridos. Esto ya lo sabemos de seguro. Todos los partidos en la Asamblea van a firmar la semana próxima un documento donde no se va a dar marcha atrás en los derechos.

Vamos a ganar nuevos derechos sociales, y vamos a dar una función a las organizaciones sociales de la ciudad. Lo más importante es que estas delegaciones se van a convertir en alcaldías, es decir, van a tener un Consejo de Representantes Electos y van a ser plurales.

Esperamos que sean asambleas ciudadanas, no queremos la reproducción de la partidocracia. Tiene que haber en el futuro una gran participación ciudadana. Nosotros vamos a proponer que cada uno de los servicios públicos tenga un consejo ciudadano: el agua, el transporte, la educación, la salud, la basura, todo. No de los partidos, de los ciudadanos.

Tal vez las delegaciones seguramente serán más. Dicen que eso va a costar mucho. No. Se tendrá que ahorrar en otras cosas, y con solo que se reduzca la corrupción hay todo para pagar.

¿Cuántas alcaldías serán? No lo sabemos. Eso les corresponde ya a los poderes constitucionales. Lo van a empezar a discutir en la asamblea y qué bueno que lo hagan.

Algunas delegaciones son muy grandes. Cuando la Delegación de Iztapalapa se creó, en el año 1970 se confirmó; las primeras delegaciones son de 1941, tenía 100 mil habitantes, ahora tiene tres millones. La Gustavo A. Madero, la Azcapotzalco, etcétera.

Queremos gobiernos más cercanos a la población y queremos mayor participación de los ciudadanos en el ejercicio del poder.

Una Constitución es un cambio en el equilibrio de fuerzas. Una cosa es que la izquierda haya seguido ganando desde hace 18 años la ciudad, aún dividida ahora. En total, en su conjunto, sigue siendo una gran mayoría.

Y otra cosa es que los ciudadanos hayan ganado una auténtica participación en la ciudad. Han ganado más los partidos que los ciudadanos.

Decía yo en una reunión que tuvimos ayer en el Senado los amigos, que una constitución es un cambio en la distribución del poder. Eso es lo que es una constitución. Y que el único y gran sentido que tiene la que vamos a hacer es la devolución del poder a los ciudadanos.

Por eso es necesario que ustedes participen. Queremos una constitución simple, sencilla, asequible, que entienda la gente que es un instrumento de defensa de la ciudadanía frente al poder, no un instrumento de dominación del poder frente a los ciudadanos.

Nosotros queremos recibir todas sus demandas, a sabiendas de que es un proceso. Primero la Constitución, luego las leyes, luego las reformas administrativas y luego las prácticas cotidianas.

Nosotros –quiero contestarle-, ayer se decidió que haya un empresario de COPAMEX en el Grupo de los 20, así es que estarán representados.

Nosotros, ya lo veo en este documento, nos llaman los “escribanos” Eso somos, no somos los notables, lo reconocía nuestro amigo, en el Senador Alejandro Encinas, somos los escribanos que escribimos lo que la gente nos pide, como los que están en la Plaza de Santo Domingo y la gente que no sabe leer ni escribir, le dicta cartas para su novia o para sus hijos.

Nosotros nos consideramos al servicio de ustedes. No podemos actuar ni avanzar sin la fuerza de la sociedad, como ocurrió desde un principio.

Obstáculos los vamos a tener. Esta sigue siendo una lucha política. Nada nos va a ser regalado; todo se tiene que hacer con la fuerza de la sociedad.

Muchas gracias.