Constitución CDMX, ¿para qué sirve? Paradojas, certezas y propuestas.  
 
 
 
 
Carlos Lavore   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Paradojas

 

Un proceso de reforma política que viene dado desde arriba, desde el cenáculo del poder, con condiciones y candados que limitan y distorsionan lo que debiera ser de naturaleza democrática, un proceso así puede convertirse en una oportunidad de alimentar la construcción de una ciudad para todos.

 

De una lógica institucional que responde a un proyecto determinado de país, deriva un mandato para la constitución de la ciudad con la intención de reafirmar aquel proyecto (de ahí las imposiciones y los candados).

 

Paradójicamente, desde esa lógica se abre, también, la posibilidad de impulsar un proyecto alternativo, a condición de desplegar un esfuerzo colectivo que conjugue lo jurídico con lo político y lo organizativo.

 

De un proceso constitucional concebido para ser montado sobre la institucionalidad actual y las leyes pre-existentes, es posible derivarlo hacia una constitución que reformule la institucionalidad vigente, propicie la revisión integral de la normatividad en sus aspectos regresivos y profundice los avances legislativos obtenidos.

 

En un contexto de plena hegemonía neoliberal, con el libre mercado entronizado en el inconsciente colectivo y el capital financiero inmobiliario dictando el funcionamiento de la ciudad, en ese contexto puede abrirse una puerta para entrar a la configuración de una  ciudad de signo opuesto al que vivimos, una ciudad para todos.

 

Con una población mayoritariamente fragmentada y dispersa, prisionera de los paradigmas contemporáneos fincados en el individualismo, consumismo y egoísmo y con una mirada hacia la clase política llena de desconfianza, recelo y rechazo, en esas condiciones es posible apelar a los espacios ciudadanos organizados, conscientes y comprometidos, para desarrollar con ellos otra cultura, otro imaginario, otra ciudad, una ciudad para todos.

 

Un ejercicio abstracto para la mayoría de la población, que no ve en él un beneficio tangible, puede convertirse en un proceso didáctico si conlleva un proyecto de ciudad en el que la ciudadanía se reconozca, lo haga propio y lo impulse.

 

Certezas

 

En lo que va del presente siglo los sucesivos gobiernos de la ciudad se fueron alineando con los principales postulados del modelo hegemónico, en lo económico, lo político, lo institucional y lo cultural, con la excepcionalidad de los derechos conquistados a partir de la movilización ciudadana y de ciertos espacios en la estructura de gobierno que ofrecen otras visiones y posibilidades.

 

Si el modelo hegemónico se asienta en la violencia, la impunidad y la corrupción, esos estigmas están presentes en la vida de la ciudad y en la mayor parte de sus instituciones.

 

Sus múltiples manifestaciones son padecidas sistemáticamente por los habitantes de la ciudad, corroen la confianza y la credibilidad y desvinculan a la sociedad del gobierno.

 

Si la imposición, el despojo y la injusticia, son características del modelo, ellos están presentes cotidianamente en la acción del capital financiero inmobiliario, la “apropiación” de territorio para grandes negocios y la destrucción de patrimonio. Ante el reclamo y la indignación por atropellos y vejaciones de distinto tipo, está el funcionamiento discrecional y arbitrario del sistema judicial.

 

Si el libre mercado es el maná de la época, en la ciudad lo tenemos incrustado en la política, en la cotidianidad de la gestión administrativa y en la relación gobierno-capital privado. Todo es mercancía, todo es materia para la compra y la venta. Incluso la política, determinada por la mercadotecnia y la publicidad, que hace del funcionario un producto a vender, cuyo éxito se mide en la pulsión de la opinión pública, confundiendo eficacia de gestión con presencia mediática. Hasta la siguiente crisis.

 

Si la oferta y la demanda es lo que debe regular la vida de la ciudad, la planeación no es necesaria y tampoco los organismos encargados de llevarla a cabo. La ciudad es territorio libre para las grandes empresas y el capital financiero, cuyos recursos pueden ajustar a su gusto la aplicación de la norma.

 

Si las representaciones políticas degradan su papel hasta convertirse en comparsa del poder hegemónico a cambio de migajas de la enorme renta que se genera en la ciudad, entonces la política se vuelve simulación, pierde su sentido y los ciudadanos están librados a sus propias fuerzas para regenerar lo posible.

 

Si el consumismo, el hedonismo y el individualismo es el comportamiento dominante en la ciudad, entonces hay una pauta cultural, alimentada por los medios concentrados, que se está imponiendo y que está dañando al cuerpo social. Para esto no hay respuesta política y faltan contrapesos. No hay una alternativa comunicacional institucional que contrarreste los efectos colonizantes de la operación mediática.

 

Propuestas

 

La constitución de la CDMX debe expresar un proyecto de ciudad para todos, que a su vez debe contener una visión de lo metropolitano y lo megalopolitano. Un proyecto integral y consensuado.

 

El proceso constituyente, vertical y acotado, debe transmutarse en un ejercicio horizontal, abierto, incluyente, plural. Un ejercicio de elaboración, de desarrollo de conciencia y de construcción de ciudadanía. Como una piedra en el estanque.

 

Desde los espacios institucionales con que se cuenta  (consejo redactor, candidatos independientes, constituyentes) debe impulsarse, provocarse y dinamizarse la discusión ciudadana en forma colectiva. Las aportaciones individuales son importantes, pero la discusión colectiva tiene otros componentes: reconocimiento del otro, desarrollo de pensamiento crítico y solidario, experiencia compartida, propuestas consensuadas.

 

Se trata de hacer concreto y tangible un proyecto de ciudad, de tal suerte que los ciudadanos lo tomen como suyo y permita una mejor comprensión de la formulación constitucional. En tal sentido, debe ser un proyecto de ciudad elaborado desde la problemática del ciudadano en su territorio, en su desplazamiento, en sus derechos y libertades, en sus formas organizativas. No sólo desde la academia o la especialización. Es decir, en la calle, en las instituciones y en las redes.

 

Explicar didácticamente para qué sirve un proyecto de ciudad, una constitución, las leyes secundarias derivadas, una nueva institucionalidad a construir y una cultura a defender. Es necesario desafiar el modelo dominante de acumulación que, en su gran ambición rentista, está destruyendo la ciudad y las relaciones sociales.

 

Es necesario contrarrestar la construcción de imaginarios individualistas y consumistas y recuperar identidad comunitaria.

 

Con el apoyo de organizaciones afines a una propuesta de ciudad para todos, instalar temas de discusión en los medios. O aprovechar los que se van instalando para elevar el nivel de discusión a formulaciones programáticas y definiciones de proyecto (Corredor Chapultepec, Ciudad del Futuro, rueda de la fortuna, contingencia ambiental, inseguridad en el tránsito, etc.).

 

Apelar a la capacidad comunicacional del GCDMX para explicar más y mejor para que sirve este proceso y utilizar los temas de coyuntura en función de él. Por ejemplo, este momento de crisis ambiental es propicio para discutir el tema con proyección constitucional y sacarlo del tenor defensivo en que se encuentra. Detrás de este tema hay una concepción de modelo de ciudad que se debe revisar.

 

Crear una plataforma programática común con todos los que suscriban los fundamentos básicos de una ciudad para todos, para impulsarla y defenderla en el proceso constituyente y después.

 

Se trata de un trabajo técnico político en distintos niveles y escalas. Apoyar con insumos a la redacción del proyecto de constitución para entregar al Constituyente y elaborar el proyecto de ciudad que le dé contenido político a la forma jurídica. Orquestar la más amplia discusión temática aprovechando todos los foros y todos los medios, incluyendo las campañas de los candidatos próximos a una ciudad para todos. Exigir el funcionamiento público y abierto del constituyente, así como una consulta pública vinculante sobre la redacción final.

 

A partir de la Constitución, se abre otra etapa vinculada a la instrumentación de los cambios institucionales y a la revisión de las leyes secundarias.

 

Hay por delante un largo camino de movilización y participación. De construcción de ciudadanía, de nuevos referentes políticos, de otras formas de entender y hacer política.

 

http://fundaciondemocracia.org/constitucion-cdmx-sirve-paradojas-certezas-propuestas-carlos-lavore/